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domingo, 2 de diciembre de 2018

REGLAMENTACIÓN DE LA LEY DE MEDICAMENTOS DE ARTURO ILLIA | Miércoles, 2 de diciembre de 1964 - Buenos Aires, Argentina.

El Presidente Arturo Illia en el Congreso de la Nación, a su derecha el Vicepresidente Carlos Perette y atrás el Ministro Arturo Oñativia.
El presidente de la Nación Dr. Arturo Umberto Illia firma el decreto 9763/64 por el cual se reglamenta la ley del Congreso Nº 16.463 sobre medicamentos también conocida como Ley Oñativia ya que fue redactada por el entonces Ministro de Salud Dr. Arturo Oñativia.
La ley fue sancionada el 23 de julio de 1964 y promulgada el 8 de agosto de ese mismo año estableciendo una política de precios y de control de medicamentos, congelando los precios a los vigentes a fines de 1963, fijando un monto máximo para los gastos de publicidad e imponiendo límites a la posibilidad de realizar pagos al exterior en concepto de regalías y de compra de insumos.
La reglamentación de la Ley fijaba además la obligación para las empresas de presentar mediante declaración jurada un análisis de costos y a formalizar todos los contratos de regalías existentes.
La norma surge a partir de un estudio realizado por una comisión creada por el propio Presidente Illia sobre 300.000 muestras de medicamentos, los cuales muchos de ellos no eran fabricados con la fórmula declarada por el laboratorio y su precio excedía en un 1000% al costo de producción.
La ley fue derogada poco después del golpe de militar ocurrido el 28 de junio de 1966 encabezado por Oñativia y partidarios, opositores y observadores imparciales coincidieron en que fue uno de los motivos fundamentales por el cual se produjo el derrocamiento del Presidente Illia.

domingo, 8 de octubre de 2017

Carta de despedida ..

Fidel:

Me recuerdo en esta hora de muchas cosas, de cuando te conocí en casa de María Antonia, de cuando me propusiste venir, de toda la tensión de los preparativos.

Un día pasaron preguntando a quién se debía avisar en caso de muerte y la posibilidad real del hecho nos golpeó a todos. Después supimos que era cierto, que en una revolución se triunfa o se muere (si es verdadera). Muchos compañeros quedaron a lo largo del camino hacia la victoria.

Hoy todo tiene un tono menos dramático porque somos más maduros, pero el hecho se repite. Siento que he cumplido la parte de mi deber que me ataba a la revolución cubana en su territorio y me despido de ti, de los compañeros, de tu pueblo, que ya es mío.

Hago formal renuncia de mis cargos en la dirección del partido, de mi puesto de ministro, de mi grado de comandante, de mi condición de cubano. Nada legal me ata a Cuba, sólo lazos de otra clase que no se pueden romper como los nombramientos.

Haciendo un recuento de mi vida pasada creo haber trabajado con suficiente honradez y dedicación para consolidar el triunfo revolucionario. Mi única falta de alguna gravedad es no haber confiado más en ti desde los primeros momentos de la Sierra Maestra y no haber comprendido con suficiente celeridad tus cualidades de conductor y de revolucionario. He vivido días magníficos y sentí a tu lado el orgullo de pertenecer a nuestro pueblo en los días luminosos y tristes de la crisis del Caribe. Pocas veces brilló más alto un estadista que en esos días, me enorgullezco también de haberte seguido sin vacilaciones, identificado con tu manera de pensar y de ver y apreciar los peligros y los principios. 

Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos. Yo puedo hacer lo que te está negado por tu responsabilidad al frente de Cuba y llegó la hora de separarnos.

Sépase que lo hago con una mezcla de alegría y dolor; aquí dejo lo más puro de mis esperanzas de constructor y lo más querido entre mis seres queridos... y dejo un pueblo que me admitió como su hijo: eso lacera una parte de mi espíritu. En los nuevos campos de batalla llevaré la fe que me inculcaste, el espíritu revolucionario de mi pueblo, la sensación de cumplir con el más sagrado de los deberes: luchar contra el imperialismo dondequiera que esté; esto reconforta y cura con creces cualquier desgarradura.

Digo una vez más que libero a Cuba de cualquier responsabilidad, salvo la que emane de su ejemplo. Que si me llega la hora definitiva bajo otros cielos, mi último pensamiento, será para este pueblo y especialmente para ti. Que te doy las gracias por tus enseñanzas y tu ejemplo y que trataré de ser fiel hasta las últimas consecuencias de mis actos. Que he estado identificado siempre con la política exterior de nuestra revolución y lo sigo estando. Que en dondequiera que me pare sentiré la responsabilidad de ser revolucionario cubano y como tal actuaré. Que no dejo a mis hijos y mi mujer nada material y no me apena; me alegro que así sea. Que no pido nada para ellos, pues el Estado les dará lo suficiente para vivir y educarse.

Tendría muchas cosas que decirte a ti y a nuestro pueblo pero siento que son innecesarias, las palabras no pueden expresar lo que yo quisiera y no vale la pena emborronar cuartillas. Hasta la victoria siempre. ¡Patria o Muerte!

Te abraza con todo fervor revolucionario

Che

lunes, 15 de mayo de 2017

La mujer en el pueblo celta ..

Las mujeres de origen Celta eran criadas tan libremente como los hombres. A ellas les era dado el derecho de elegir sus compañeros y nunca podrían ser forzadas a una relación que no querían, de echo antes del matrimonio la mujer era cortejada y conquistada como un ser superior, y en el ejercicio de sus privilegios podía desdeñar y mirar con enojo atenciones hasta de príncipes y reyes, eligiendo a quien ella quisiera. Luego del matrimonio ella no era propiedad de su marido, eran compañeros en una aventura matrimonial. La esposa era dueña exclusiva de sus propiedades, tampoco las propiedades habidas juntamente o poseídas por ambos podían ser vendidas o cedidas por el marido sin el consentimiento de su esposa, sus derechos sobre los bienes comunes eran iguales. La mujer casada podía proseguir con un caso legal, podía ser titular de derechos, e incluso demandar a sus deudores. Cuando se reclamaba sobre las cosas de un deudor, ella embargaba las cosas apropiadas para mujeres, artículos tales como husos, espejos, etc…Madres, esposas, hermanas, amigas y amantes, también sabían luchar en la batalla; entendían de leyes, dirigían hogares, trabajan el campo, se experimentaban en la lucha; conocían las ciencias de la magia, la poesia y la escritura . Su situación era de igual a igual, respecto al hombre, en la sociedad celta, una característica que recuerda mucho a la posición de la mujer en el antiguo Egipto, muy similar al caso de las mujeres celtas. Se confiaba mucho en sus conocimientos del mundo natural, con independencia de la indiscutible sabiduría druídica; no tenían tabúes en el campo de la sexualidad y defendían a sangre y fuego a su pueblo en caso de ser atacados por algún enemigo, ya que desde pequeñas aprendían el manejo de las armas para estar preparadas para defenderse ante cualquier enemigo, ya fuera animal o humano. Las mujeres galas eran muy desinhibidas por el contacto que mantenían con los hombres desde su infancia. A pesar de tener muy poco de pudorosas, les gustaba adornarse y cuidar su físico. Hacían lo que seguramente no hacían las más distinguidas señoras romanas y era lavarse dos veces al día. Los cabellos rubios o pelirrojos los llevaban anudados en trenzas y se ponían muchos adornos. Les gustaba acaparar la atención del hombre, por lo que en las fiestas vestían con capas a rayas o cuadros acompañados de bordados de plata y oro, y cosían campanillas a las mismas para llamar la atención. Cuando querían sentirse bonitas se pintaban las uñas de las manos y los pies y daban color a sus mejillas con una hierba especial llamada ruan y oscurecían sus ojos con el jugo de las bayas. Sin embargo, toda esta dulzura y fragilidad desaparecía en el momento en que participaban en la guerra o veían en peligro a su familia. Las mujeres celtas conocían el manejo de las armas y amaban a los suyos con más pasión que a su propia persona. Una mujer celta iracunda era algo que había que temer, puesto que no era raro que luchasen al lado de sus hombres, y a veces, mejor que ellos. No podemos olvidarnos de la reina de los icenios, Boudicca, que ella con su carro de ejes cortantes fue quien rompió las filas de la IX Legión. Podían las mujeres celtas guiar y prevalecer sobre los suyos, en el caso britano lo vemos en Boudicca y en Cartimandua, la reina de los brigantes, quien apresa a Caradawc. La mujer celta se guiaba por una serie de principios, entre los cuales estaban: “Ama a tu hombre y síguelo, pero solamente si ambos representaran, uno para el otro, lo que la Diosa Madre enseñó: Amor, compañerismo y amistad” ¡Jamás permitas que ningún hombre te esclavice: naciste libre para amar, y no para ser esclava!. ¡Jamás permitas que tu corazón sufra en nombre del amor. Amar es un acto de felicidad! ¿por qué sufrir? ¡Jamás permitas que tus ojos derramen lágrimas por alguien que nunca te hará sonreír! ¡Jamás permitas que el uso de tu cuerpo sea cercenado. Tu cuerpo es la morada del espíritu. ¿por qué mantenerlo aprisionado? ¡Jamás te permitas estar horas esperando alguien que nunca vendrá, aunque te lo haya prometido! ¡Jamás permitas que tu nombre sea pronunciado en vano por un hombre cuyo nombre ni siquiera sabes! ¡Jamás permitas que tu tiempo sea desperdiciado con alguien que nunca tendrá tiempo para ti! ¡Jamás permitas oír gritos en tus oídos. ¡El Amor es lo único que puede hablar más alto! ¡Jamás permitas que pasiones desenfrenadas te lleven de un mundo real para otro que nunca existió! ¡Jamás permitas que otros sueños se mezclen a los tuyos, volviéndolos una gran pesadilla! ¡Jamás creas que alguien pueda volver cuando nunca estuvo presente! ¡Jamás permitas vivir en la dependencia de un hombre como si hubieras nacido inválida! ¡Jamás te pongas linda y maravillosa a fin de esperar un hombre que no tendrá ojos para admirarte! ¡Jamás permitas que tus pies caminen en dirección de un hombre que solo vive huyendo de ti! ¡Jamás permitas que el dolor, la tristeza, la soledad, el odio, el resentimiento, los celos, el remordimiento y todo aquello que pueda sacar el brillo de tus ojos, te dominen, haciendo enfriar la fuerza que existe dentro de ti! Y, sobre todo, jamás permitas perder la dignidad de ser... MUJER. Toda mujer debería seguir estas indicaciones teniendo así una vida más digna!.